Las historias contenidas en este libro de Eduardo Aguirre tienen como común denominador el desencuentro, pero también la improbable, casi mágica, irrupción del amor. Se vislumbra en su narrativa un deseo arraigado y visceral de aferrarse a la vida que, sin embargo, coincide con una presencia constante de la muerte.
Es en esa intersección entre idilios, velorios y afinidades literarias donde el autor logra capturar, en relatos siempre personales, la efímera gloria de existir, la vivencia corporal de su paso por el mundo y la necesidad de cultivar la memoria como último refugio ante la inexorable fuga de todas las cosas.
— Pablo Casacuberta.
Páginas: 94



