Siempre he sido una persona de perros, adoro escuchar sus ladridos al otro lado de la puerta cuando estoy llegando a casa, que vengan si los llamo y que se sienten si les pido que se sienten. Por eso siempre he tenido perros.
Así que el día que uno de los gatos del vecino decidió que era momento de mudarse y se vino a vivir a casa, me puse firme y grité «¡QUE NO, QUE NO Y QUE NO, GATO NO!», pero el michi tenía otros planes…
Solo los que hemos tenido la suerte de vivir con algún animalito sabemos del amor que son capaces de dar, la alegría, la compañía y hasta el consuelo. Las mascotas son ese abrigo peludito para los fríos en el ánimo.

